Hoy dejé a un lado los recuerdos de mi madrecita, linda madrecita, y sigo caminando, todo es tan nebloso, frío y dudoso, realmente creo que estoy perdida.
Sigo en busca del domicilio de mi amiga Carmelita, se supone que sea buena, Carmelita, la quinceañera rebelde y tan misteriosa, con personalidad ambigua.
Su edad sobrepasa la mía y bastante por cierto, sin embargo, no siento temor alguno. Que sea mayor me da cierta seguridad inexplicable, no lo sé.
-Calle Armidas, Nº 431, Merceditas, no creo que te pierdas, serías algo estúpida ¿no?- Dijo Carmelita en la última conversación telefónica que tuvimos hace unos larguísimos dos días- Te espero, no tardes más de una semana, a mi padre no le gustan las visitas permanentes... (silencio) ... APURATE! - y colgó.
Aún me quedaban cinco días, de echo, era bastante para mi corta edad, así que seguí caminando en busca del domicilio de Carmelita.
Creo que en mi corazón se albergaban sentimientos incurables y también aquellos que aún no descubría, y yo seguía confundida, buscando a mi gran amiga. Creo que de pronto cada sentimiento que albergaba se desvaneció con los alocados gritos de la tía Emma. Se aligeró a toda prisa hacia mi, y me abrazó, besándome reiteradas veces en ambas mejillas. Nada podía salir peor con la tía esta... tía pesada, escandalosa.
Pensé que mi aventura acabaría allí con la jodida tía.
-Mi amor, hace siglos que no sé de ti, preciosa, ya no escribes reina mía, de vez en cuando es bueno llamar a tu tía, ¿no lo crees?- exclamó algo aturdida.
Felizmente tía Emma no sabía nada de mi irresponsable aventura, así que después de un leve "disculpa" la despaché con el pretexto de una compra bastante importante e impostergable. (terminar)
domingo, 23 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario