Hoy dejé a un lado los recuerdos de mi madrecita, linda madrecita, y sigo caminando, todo es tan nebloso, frío y dudoso, realmente creo que estoy perdida.
Sigo en busca del domicilio de mi amiga Carmelita, se supone que sea buena, Carmelita, la quinceañera rebelde y tan misteriosa, con personalidad ambigua.
Su edad sobrepasa la mía y bastante por cierto, sin embargo, no siento temor alguno. Que sea mayor me da cierta seguridad inexplicable, no lo sé.
-Calle Armidas, Nº 431, Merceditas, no creo que te pierdas, serías algo estúpida ¿no?- Dijo Carmelita en la última conversación telefónica que tuvimos hace unos larguísimos dos días- Te espero, no tardes más de una semana, a mi padre no le gustan las visitas permanentes... (silencio) ... APURATE! - y colgó.
Aún me quedaban cinco días, de echo, era bastante para mi corta edad, así que seguí caminando en busca del domicilio de Carmelita.
Creo que en mi corazón se albergaban sentimientos incurables y también aquellos que aún no descubría, y yo seguía confundida, buscando a mi gran amiga. Creo que de pronto cada sentimiento que albergaba se desvaneció con los alocados gritos de la tía Emma. Se aligeró a toda prisa hacia mi, y me abrazó, besándome reiteradas veces en ambas mejillas. Nada podía salir peor con la tía esta... tía pesada, escandalosa.
Pensé que mi aventura acabaría allí con la jodida tía.
-Mi amor, hace siglos que no sé de ti, preciosa, ya no escribes reina mía, de vez en cuando es bueno llamar a tu tía, ¿no lo crees?- exclamó algo aturdida.
Felizmente tía Emma no sabía nada de mi irresponsable aventura, así que después de un leve "disculpa" la despaché con el pretexto de una compra bastante importante e impostergable. (terminar)
domingo, 23 de noviembre de 2008
sábado, 22 de noviembre de 2008
Pequeña Merceditas, aún no sabe mucho de la vida, Merceditas.
Iba caminando tranquila, el viento en mis heridas, la vida en mis pupilas, tan serena como la mar de día, tan lerda, adormecida... Caminaba, soñaba.
Atardecía, caminaba por las profundas calles de Mardas, simulando compasión por los mios, por aquellos que incesantemente suplicaban a mis pies, hambrientos y macilentos, aquellos que doblegaban mi edad.
Caminé largas horas, sin un punto fijo, sin algún destino, y recordé las palabras de mi madre cuando reprochaba mis travesuras infaltables por supuesto.
Faltaban pocas horas para la vencida del sol y yo seguía caminando, llorando, y extrañando a mi madrecita linda.
-Merceditas, ¿qué te dije del juego?, las fuentes siguen engrasadas, las camas destendidas, tu vida es un completo desorden, Merceditas!... - solía chillar ella.
Realmente no aguantaba más, ella quería sobrepasar mi decena de años, no entendía mi inconformidad, solo se dedicaba a vociferar, a quejarse, a gobernarme, solo a mi.
Sentí un loco deseo de escapar, y ahora la extraño tanto, madrecita linda, te extraño.
Atardecía, caminaba por las profundas calles de Mardas, simulando compasión por los mios, por aquellos que incesantemente suplicaban a mis pies, hambrientos y macilentos, aquellos que doblegaban mi edad.
Caminé largas horas, sin un punto fijo, sin algún destino, y recordé las palabras de mi madre cuando reprochaba mis travesuras infaltables por supuesto.
Faltaban pocas horas para la vencida del sol y yo seguía caminando, llorando, y extrañando a mi madrecita linda.
-Merceditas, ¿qué te dije del juego?, las fuentes siguen engrasadas, las camas destendidas, tu vida es un completo desorden, Merceditas!... - solía chillar ella.
Realmente no aguantaba más, ella quería sobrepasar mi decena de años, no entendía mi inconformidad, solo se dedicaba a vociferar, a quejarse, a gobernarme, solo a mi.
Sentí un loco deseo de escapar, y ahora la extraño tanto, madrecita linda, te extraño.
Primer Día de Merceditas.
No es distinto, fue interminable, en efecto, yo soy Merceditas y específicamente no lograré una descripción mayor de mi carácter, de mi persona, una descripción personal.
Quizá como un sueño, Quizá como una daga en el pecho, Merceditas y punto, fríamente, incontrolable, iré llenando este vacío en la agonía de mi vida, lo incontable de mis días, la veracidad, las falacias y las mentiras.
Merceditas...
Quizá como un sueño, Quizá como una daga en el pecho, Merceditas y punto, fríamente, incontrolable, iré llenando este vacío en la agonía de mi vida, lo incontable de mis días, la veracidad, las falacias y las mentiras.
Merceditas...
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